Noche de marcha sin salir del apartamento
Mi amigo Charly, conocido en el mundo de la bohemia catalana como Ernie Bernie, me mandó los pasajes y una postal donde se leía lo siguiente: TE ESPERO EN MADRID, TE CONSEGUI UN APARTAMENTO, HAY JUERGA, TRAEME CHOCOLATES, ERNIE. Mis maletas ya estaban listas, llevaba un par de libros de filosofía estructuralista, discos de XTC, Rita Pavone, Beto Danelli y The Residents, no mucha ropa y muchas ganas de encontrarme con el inubicable escritor de novelas policiales, quien vivía hacia ya buen tiempo en Barcelona, pero que me había citado en la capital de la península ibérica. Lo único que esperaba yo era poder encontrar un sitio cómodo donde poder descansar luego de tanta marcha. Cuando llegué me encontré con más de una sorpresa, cortesía del acartonado pero buen amigo Ernie. Que no me había conseguido apartamento. Pero bueno, le dije, acaso no revisaste los diarios, no preguntaste a una empresa de bienes raíces, no consultaste alquileres y rentas en la secciones de inmuebles de las revistas, acaso no sabes que el ser humano tiene dos necesidades básicas, digo yo, sexo y vivienda... No consultó ninguna de las anteriores opciones, y sólo contaba con los servicios de Pedrito Seconds, aliado de aventuras pretéritas y noble defensor de causas perdidas, quien había pensado ceder sus aposentos a su humilde servidor, o sea, yo. La sorpresa no tenía cuando acabar, cuando mis ojos se posaron sobre el apartamento en cuestión. Tuve ganas de felicitarlo por haber ido más allá de lo permitido científicamente en materia de supervivencia. El sitio carecía de todo aquello que fue ganado a lo largo de la historia de la humanidad con guerras, sangre, sudor y lágrimas. No agua, no luz, no aire, no vida. En fin, ya podrán imaginarse. Si, le dije, yo he sido punk, pero también necesito hidratarme como cualquier ser vivo. Ernie, proseguí, encuéntrame un cuarto, un piso, un apartamento, ipso facto. Ernie asintió con la cabeza. Adiós, Pedrito Seconds. Nos pasamos todo el día buscando, olfateando barrios, investigando precios, comodidades, contratos y tarifas. Pasamos del centro a la periferia de la ciudad, cruzamos el charco del lujo a la carencia, vivimos en carne propia la desigualdad, el aislamiento, la realidad. Entramos en ghettos y fuimos recibidos en sitios como huéspedes ilustres y también como seres de otro planeta. Alquilar un apartamento, barato y buen ubicado era poco menos que imposible si contabas sólo con unas cuantas horas por tiempo. Al final llamamos a una amiga que había vivido en distintas zonas de la ciudad y que se movía con soltura en el mundo de los alquileres y las rentas en Madrid. Al caer la noche, terminamos firmando un contrato de alquiler en una zona marchosa de la ciudad. Cómodo, barato, bien ubicado, céntrico y bonito. No podía pedir más. Mi amiga decidió festejar mi llegada preparándome una cena deliciosa. La marcha afuera anunciaba unos días y noches prometedores, pero eso sí, con la tranquilidad de saber que finalizada la juerga, un descanso merecido tendría lugar en este apartamento alquilado gracias a mi amiga, quien luego, como era su costumbre, pasaría por caja, cobraría su comisión, reclamaría sus derechos como aprendiz de corredora de bienes raíces. Bienvenida sea la comisión y la marcha en esta ciudad hermosa. Adiós Ernie.